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jueves, 22 de enero de 2015

Corazon tan blanco, Javier Marías


Título: Corazón tan Blanco
Autor: Javier Marías
Editorial: Alfaguara
Páginas: 384
ISBN: 968-19-0651-9

“Los oídos no tienen parpados y lo que les llega, ya no se olvida.”

¿Conviene indagar sobre los secretos de familia? ¿Sobre los misteriosos hechos que acontecieron décadas atrás y que podrían morir junto al último de una generación ya pérdida? ¿Sobre aquellas cosas que no sabemos, pero intuimos, y cuya sombra marca de modo indefinible nuestra forma de amar?
Estas cuestiones (tristemente universales) son a las que de forma brutal se tiene que enfrentar Juan, un traductor recién casado, que descubre que él podría no haber sido él, sino su primo (o ni siquiera eso) si la que hubiera sido su tía, no se hubiese suicidado a las pocas semanas de casarse con su padre. Gracias a este inesperado y trágico giro del destino, Ranz pudo volver a contraer nupcias con la hermana de su difunta esposa y Juan nacer siendo Juan, el hijo de Juana y Ranz y no el de Teresa (su imposible tía) y Ranz, o ni siquiera el de Ranz y su primera esposa, una extranjera desconocida de la que nadie sabe mucho, pero que está siempre presente en las crónicas calladas de la familia. Y es que como afirma Custorday, un amigo sólo nominal, enviudar tres veces no puede ser cuestión de mala suerte.
Escrita en primera persona, Javier Marías nos presenta a un personaje pasivo, un mero observador reflexivo que de forma trágica va descubriendo la verdad, al mirar la calle desde los balcones de Madrid, Cuba y Nueva York. Pero su profundo monólogo interior, cautiva y genera una empatía que nos invita a proteger al personaje, aún en detrimento de la novela, para que no descubra la verdad o al menos no sea la víctima de una hybris que no le pertenece.


martes, 30 de octubre de 2012

Donde viven los monstruos


Donde viven los monstruos

La resolución de conflictos


Textos e Ilustraciones Maurice Sendak. Editorial Alfaguara


Hace dos días recibí de regalo de cumpleaños este álbum ilustrado y editado, en su versión en español, por Alfaguara. Desde hacía tiempo tenía sentimientos encontrados: ganas y temor de leerlo. Ganas porque como se sabe Sendak revolucionó con este libro el mundo de la literatura infantil. Temor a que me decepcionase o a darme cuenta que no comparto el concepto de fantasía del autor. Así que soy sincera al decir que abrí el libro con mucho nerviosismo. Pero desde el momento en que lo hice mi sorpresa fue en aumento como las ilustraciones del álbum.

Donde viven los monstruos es un álbum infantil ilustrado. Esto quiere decir que es un libro en el que las imágenes pesan tanto o más que el texto. La historia se cuenta a través de ambos lenguajes de forma que el texto sin imágenes quedaría incompleto. Puede haber álbumes ilustrados sin texto, pero nunca sin dibujos.

No obstante he de decir que lo primero que me sorprendió del libro fue lo cuidada que estaba la narración. Es muy normal que, al ser un elemento secundario, en este tipo de obra se descuide el texto. Pero no en Donde viven los monstruos. Aquí la narración está llena de metáforas maravillosas  y de un ritmo que nos transporta a la infancia en donde los monstruos solo pueden rugir “sus rugidos terribles y crujir sus dientes terribles y mover sus ojos terribles y mostrar sus garras terribles”.

Y es que es así como los ve Max, un niño al que su madre castiga, después de hacer todo tipo de trastadas disfrazado de lobo y al que llama Monstruo. Al encontrarse a solas en su habitación Max tiene que interpretar esta información, así que comienza un viaje introspectivo hacia el país en el que vive lo salvaje  Es como si pensara “¿Mamá dice que soy un monstruo? Pues va a ver que no soy un monstruo cualquiera. Yo soy el Rey de todos los monstruos.”

El pequeño Max se embarca en su velero particular “entrando y saliendo por las semanas saltándose casi un año hasta llegar a donde viven los monstruos”. Allí como rey busca aventuras (algunas narradas, otras simplemente ilustradas) con su séquito de monstruos hasta que se aburre y echa de menos estar “donde alguien lo quiera más que a nadie”. En definitiva, aunque le haya hecho una rabieta quiere estar con su mamá. A través de la imaginación ha encajado el enfado de la madre, lo ha superado y quiere volver a estar con ella.

Por su parte,  se intuye que la madre ha tenido un proceso similar y ha perdonado a su hijo al dejarle la comida (estaba castigado sin cenar) en su cuarto. La madre de Max no aparece en todo el cuento, pero se nota su presencia y su perdón real en la cena “con olor de comida rica” y todavía caliente como son y permanecen siempre en nuestro recuerdo las comidas de la infancia.

Así que podríamos decir que Donde viven los monstruos es, entre otras muchas cosas un libro sobre la resolución de conflictos. Por lo tanto, un libro útil y educativo. Entonces, ¿de donde vienen las críticas que se le hicieron al autor y de las que hablé al inicio de esta reseña?

Donde viven los monstruos se publicó a principio de los 60 y levantó mucha controversia porque aparecían ilustraciones de monstruos que podían asustar a los niños  (en realidad apetece abrazarlos), y por el comportamiento travieso de Max que rompía con los protagonistas modélicos de la época y que hablaba claramente de la rebeldía de un hijo frente a su madre y del castigo que ésta le ponía.
Creo que lo mejor es citar a Sendak para rebatir estas dos críticas:

1. “Los niños, me consta, desgastan los ejemplares en las bibliotecas y los releen constantemente en sus casas. Algunos me han enviado dibujos de sus propios monstruos, que hacen de los míos ositos de peluche. Todavía no he tenido noticia de ningún niño al que le haya asustado el libro.”

2. “Los adultos son personas que tienden a sentimentalizar la infancia, a ser sobreprotectores y a pensar que los libros para niños han de amoldar y conformar la mente a los modelos aceptados de comportamiento."

Pero no pasó mucho tiempo hasta que se reconoció el valor de esta obra y de su autor. Sendak recibió el premio Hans Christian Andersen, el galardón más importante de ilustración infantil. Es curioso que el mismo año recibió el mismo premio pero en la version literaria Gianni Rodari, también reseñado en este blog.

Para más información, os dejo un par de links de reseñas muy buenas:


http://www.imaginaria.com.ar/22/2/sendak.htm

lunes, 24 de septiembre de 2012

El corazón de las Tinieblas, Joseph Conrad


Me leí por primera vez este libro en la Universidad. No sé si fue porque la edición estaba en inglés, porque era un libro de lectura obligatoria o porque aún no estaba lista, el caso es que no me enteré de nada. Ahora volvió a caer en mis manos y, después de leerlo con el aliento contenido, en el momento en el que lo acabé, me vi obligada a comenzarlo de nuevo.
Pero no nos engañemos. No es un libro de lectura fácil, ni por el modo en el que está escrito, ni por su argumento, ni por esa parte del ser humano sobre la que reclama atención. Es una obra oscura, muy muy oscura… tanto que nos lleva, nos obliga a remontarnos a través de la orilla del Támesis, a las tinieblas que asolaron al hombre hace milenios y cuyo temor continúa en nuestros corazones a pesar de los siglos transcurridos. La oscuridad del tiempo, un universal antropológico en mayúscula.
Y con el miedo, como no, la respuesta irracional del hombre: luchar contra la oscuridad llevando la civilización a todo rincón del planeta, aunque esa región ya esté civilizada. En todas partes está escrito que esta novela es una crítica voraz al colonialismo y estoy de acuerdo. Pero creo que podemos profundizar más al afirmar que es una crítica voraz a la mentira: a la mentira del colonialismo, a la mentira del hombre civilizado, a la mentira del mito de Kurtz, incluso a la mentira dicha, como le sucede a Marlow, para evitar un mal mayor. De hecho, hay un momento sublime en la novela en el que Kurtz comienza a hablar de “mi prometida, mi marfil, mi río, mi selva” y Marlow, como mero observador, espera ver como la selva estalla de risa ante el pequeño hombre que se quiere apropiar de todo. Otro momento similar sucede cuando Marlow, camino del Congo, se encuentra con un barco de bandera francesa encañonando la costa de África. ¡Se imaginan, un diminuto artefacto fabricado por el hombre, contra todo un continente! Según Conrad, los cañones herían los matorrales de la costa, pero en el barco se moría de fiebre a razón de tres soldados por día.
Otro de los temas en los que profundiza la novela es el salvajismo. ¿Quién es el salvaje? ¿El hombre que coloniza o el que es colonizado? Pues para sorpresa de todos, la novela no cae en esta dicotomía simplista de buenos y malos. Tanto el colonizador como el colonizado, el caníbal y el peregrino, tienen su lado salvaje y su lado más humano. En este sentido es muy gráfica la sorpresa de Marlow al ver que los caníbales que lleva como fuerza de trabajo en el barco no sucumben al hambre y, a pesar de que los blancos les dejan sin comida, no los matan y se los comen. En cambio, al final del relato, se narra como los peregrinos para divertirse, disparan a una nativa. Pero los peregrinos tienen también sus momentos de humanidad al enterrar a los muertos y, así, evitar que los caníbales devoren los cadáveres. Todos son humanos, y en su propia humanidad, en nuestra humanidad, viene incluido un lado muy oscuro, tenebroso, irracional.
Kurtz es la prueba que el relato da de ello. Es un hombre con unas cualidades únicas, excepcionales, que trascienden a todos los hombres que están a su alrededor. Es la Voz, la Voz que en Europa podría convertirse en una de las grandes, pero que en la soledad de la selva, vuelta hacía si misma, sucumbe a la soberbia y se proclama dios.
Como ídolo esclaviza a los nativos y utiliza los métodos más abyectos para obtener la mayor cantidad posible de marfil. Su fin es también revelador. Como rey midas, al morir su cuerpo queda atrapado por el objeto de codicia y su cráneo se reduce a una bola de marfil.
También es preciso destacar el papel de la mujer en la novela, a pesar de que por el ambiente en el que se desarrolla, son personajes con poca presencia, pero eso sí, capaces de cambiar el destino de los hombres.
Según Marlow la mujer vive en un mundo maravilloso, muy alejado de la realidad del horror y el papel del hombre es mantenerla en ese mundo que de ser de verdad “no sobreviviría a la primera puesta de sol”. Ese es el mundo de la tía de Marlow quien hace realidad su sueño de ser capitán fluvial, o el de la prometida de Kurtz a quien miente para no hacerla caer en el horror de una verdad construida sobre mentiras: la muerte del propio Kurtz.
Pero al lado de estas mujeres humanas, encontramos otras que tienen una dimensión mística que reside en su propia esencia, no en la autoproclamación. Este es el caso de las dos Moiras que se encuentran a la entrada de las oficinas de la Compañía. Hilanderas de lana negra. Dos, una vieja, el pasado y otra joven, el presente. Pero ninguna que represente el futuro, porque quien atraviesa esas puertas, no puede contar con un mañana. O también el caso de la amante negra de Kurtz, una diosa en la que está contenida toda la raza humana.
El Corazón de las Tinieblas es, en definitiva, una obra maestra de la literatura inglesa y de la universal. Curiosamente fue escrita en inglés por un polaco y habla del colonialismo belga, sin mencionar el británico. Probablemente porque fuera lo políticamente correcto. Pero lo que está claro es que en apenas 150 páginas es capaz de reflejar el lado más siniestro del ser humano y mostrarnos como, aun a nuestro pesar, todavía no nos hemos alejado demasiado de la oscuridad de los primeros tiempos.

 Algunas frases para recordar:


“La fuerza no es sino un accidente nacido de la debilidad de los demás”.

“… en esa penumbra verdosa. Traídos de todos los rincones de la costa, contratados en la legalidad, perdidos en un ambiente incómodo, alimentados de comidas desconocidas, enfermaban, se volvían inútiles, y entonces se les permitía arrastrarse y yacer allí.”

“…el redoble de los tambores lejanos… un sonido maravilloso, conmovedor, sugestivo y salvaje que quizá expresaba un sentimiento de tanta profundidad como el sonido de las campanas de la cristiandad.”